Día 3
Otro día más, despierto,
el Sol parece que sigue saliendo
por el mismo horizonte
aunque ¿cómo estar segura?
Aquí, en mitad del mar,
no quedan puntos de referencia
y es tan infinito
que aún no he podido ver el propio mar.
A veces veo un horizonte de posibilidades,
otras me siento perdida sin forma de orientarme.
Pero el camino es amplio
por lo menos lo más amplio que había visto nunca.
Más amplio de lo que me atreví a imaginar planeando este viaje.
Así que yo sigo hacia delante
y aún no estoy segura de si lo que hago es volver atrás
Llevo como equipaje
una brújula perdida
que apunta a cualquier parte
salvo al Norte,
provisiones de sobra
o eso espero
y un mapa del mundo
que señala países y carreteras
y no sirve de nada
cuando, como yo,
no quieres llegar a un sitio concreto
sino perderte en mitad de ninguna parte
****
Día 12
No se ve nada en el horizonte
salvo una ola tras otra.
De vez en cuando
me pregunto qué se supone que estoy haciendo
a dónde se supone que voy
y si no me estaré volviendo un poco loca...
Después recuerdo como estaba el mundo
la última vez que me interesé en saber algo de él
y decido que no tengo que preocuparme
siempre y cuando decida no preocuparme de mí misma.
****
Día 23
Hoy el Sol ha decidido no salir
sólo hay nubes negras
y un comienzo de tormenta.
Mi barco parece una cáscara de nuez
y yo no se ni a donde agarrarme.
Aún así no tengo miedo de ahogarme
es lo que tiene tener el corazón teñido de azul
a fuerza de mirar siempre hacia el cielo
pensamientos verdes en la cabeza
y el pelo de un tono castaño
para no echar de menos la tierra...
Y con todo esto
a veces no funciona
y la sigo echando de menos.
****
Día ...
Sigue siendo Jueves
igual que lo fue ayer y anteayer.
Hoy el Sol se ha perdido en el cielo
y amaneció en el lado equivocado,
el mar parece una balsa de aceite
y la vela de mi barco flota sobre el agua
Mi brújula estará señalando al fondo
enterrada en la arena
y mi mapa, empapado,
ha borrado los contornos de los continentes
y sólo enseña agua por todas partes
y ningún lugar a donde ir.
Hoy
por primera vez
no veo horizontes ni infinitos.
Por primera vez
puedo ver el mar.
Escribo esperando el día en que a mí me crezcan alas y, hasta que eso no pase, que sean libres mis palabras.
martes, 29 de diciembre de 2015
martes, 8 de diciembre de 2015
domingo, 6 de diciembre de 2015
Icarus
Me despierto cuando el primer rayo de luz roza mis párpados y me desperezo sobre el banco del parque. Una mañana igual a muchas otras de las que he vivido desde hace miles de años...
Lo primero que hago al despertarme es mirar hacia el Sol Noto su luz y calor como si estuviera a centímetros, igual que cuando quemó mis alas de cera... Hace tanto tiempo y aún así lo recuerdo como si fuera ayer.
Mientras me desperezo noto una mirada clavada en la nuca, una mujer mayor que me observa entre preocupada y con lástima, mirando a un pobre hombre que vive en la calle.
Le doy la espalda y sigo mi camino, no sirve de nada tratar de explicarse. Ya lo intenté y no me creyeron, me tomaron por loco, intentaron encerrarme...Y yo huí. Igual que llevo haciendo toda mi larga vida, sólo fui realmente libre volando durante unos minutos y sigo buscando esa sensación. Ni siquiera soy capaz de estar dentro de un lugar donde no pueda sentir el Sol.
Salgo del parque a una ancha calle de una gran ciudad cualquiera, en cualquier lugar del mundo. Antes cada lugar era distinto, ahora todos se parecen. El mundo es un gran laberinto de Creta del que la gente quiere escapar sin saber a dónde, por eso construyen esos edificios tan altos.
Ellos también quieren llegar al Sol sólo que todavía no se han dado cuenta. Y yo, que hace mucho tiempo pensé que había logrado escapar sigo siendo un prisionero, sólo que ahora la jaula es más grande.
Camino por la calle y noto que atraigo miradas curiosas, mi pelo es del color del fuego desde que ardió y mi piel todavía tiene el brillo de la cera derretida que corrió por ella y de la que nunca pude deshacerme del todo.
Me pregunto si alguna de esas personas llegará a figurarse quién soy yo realmente... Y lo dudo mucho, ahora nadie recuerda las historias ni cree en los antiguos Dioses...
Pero a pesar de todo siguen creyendo en sus mentiras, siguen creyendo que caí y que fui derrotado ¡Pobres idiotas!
Claro que caí, y la caída fue dolorosa, pero Ellos, a pesar de ser dioses, no consiguieron que me arrepintiera.
No consiguieron doblegarme.
Porque sigo amando al Sol a pesar de que derritiera mis alas, porque ese calor prendió la luz en mi cuerpo y una llama en mi corazón e incluso ahora que Ellos han sido olvidados en su trono de nubes y tal vez ya ni existan esa llama sigue ardiendo.
Y por eso se que volveré a volar de nuevo.
Los mismos Dioses que intentaron cortarme las alas me despertaron realmente al caer... Es cierto que mi primer vuelo fue una estupidez, la imprudencia de un soñador, pero el segundo será un acto de rebeldía y una liberación por fin.
Será el desafío final y esta vez no podrán hacer nada. Porque ya ni siquiera necesitaré alas de cera, tengo el fuego dentro de mí y algún día podré elevarme como humo ardiente y flotar. Podré subir rozando esos rascacielos que ni siquiera consiguen acercarse al Sol y gritar y reírme desde lo alto de esta ciudad.
Tal vez así despierten y comprendan que ellos tampoco están atados a la tierra.
Sólo con saber que algún día llegará ese momento yo soy feliz.
Sonrío y comienzo a andar con más fuerza, siempre hacia el oeste. Siguiendo al Sol.
Lo primero que hago al despertarme es mirar hacia el Sol Noto su luz y calor como si estuviera a centímetros, igual que cuando quemó mis alas de cera... Hace tanto tiempo y aún así lo recuerdo como si fuera ayer.
Mientras me desperezo noto una mirada clavada en la nuca, una mujer mayor que me observa entre preocupada y con lástima, mirando a un pobre hombre que vive en la calle.
Le doy la espalda y sigo mi camino, no sirve de nada tratar de explicarse. Ya lo intenté y no me creyeron, me tomaron por loco, intentaron encerrarme...Y yo huí. Igual que llevo haciendo toda mi larga vida, sólo fui realmente libre volando durante unos minutos y sigo buscando esa sensación. Ni siquiera soy capaz de estar dentro de un lugar donde no pueda sentir el Sol.
Salgo del parque a una ancha calle de una gran ciudad cualquiera, en cualquier lugar del mundo. Antes cada lugar era distinto, ahora todos se parecen. El mundo es un gran laberinto de Creta del que la gente quiere escapar sin saber a dónde, por eso construyen esos edificios tan altos.
Ellos también quieren llegar al Sol sólo que todavía no se han dado cuenta. Y yo, que hace mucho tiempo pensé que había logrado escapar sigo siendo un prisionero, sólo que ahora la jaula es más grande.
Camino por la calle y noto que atraigo miradas curiosas, mi pelo es del color del fuego desde que ardió y mi piel todavía tiene el brillo de la cera derretida que corrió por ella y de la que nunca pude deshacerme del todo.
Me pregunto si alguna de esas personas llegará a figurarse quién soy yo realmente... Y lo dudo mucho, ahora nadie recuerda las historias ni cree en los antiguos Dioses...
Pero a pesar de todo siguen creyendo en sus mentiras, siguen creyendo que caí y que fui derrotado ¡Pobres idiotas!
Claro que caí, y la caída fue dolorosa, pero Ellos, a pesar de ser dioses, no consiguieron que me arrepintiera.
No consiguieron doblegarme.
Porque sigo amando al Sol a pesar de que derritiera mis alas, porque ese calor prendió la luz en mi cuerpo y una llama en mi corazón e incluso ahora que Ellos han sido olvidados en su trono de nubes y tal vez ya ni existan esa llama sigue ardiendo.
Y por eso se que volveré a volar de nuevo.
Los mismos Dioses que intentaron cortarme las alas me despertaron realmente al caer... Es cierto que mi primer vuelo fue una estupidez, la imprudencia de un soñador, pero el segundo será un acto de rebeldía y una liberación por fin.
Será el desafío final y esta vez no podrán hacer nada. Porque ya ni siquiera necesitaré alas de cera, tengo el fuego dentro de mí y algún día podré elevarme como humo ardiente y flotar. Podré subir rozando esos rascacielos que ni siquiera consiguen acercarse al Sol y gritar y reírme desde lo alto de esta ciudad.
Tal vez así despierten y comprendan que ellos tampoco están atados a la tierra.
Sólo con saber que algún día llegará ese momento yo soy feliz.
Sonrío y comienzo a andar con más fuerza, siempre hacia el oeste. Siguiendo al Sol.
miércoles, 25 de noviembre de 2015
Volar
Y no se porqué
pero desde siempre el ser humano ha soñado con volar
aunque desde pequeños se empeñen en mantenernos atados a la tierra.
Y con el tiempo algunos olviden mirar al cielo. Al cielo y al suelo.
Olviden mirar más allá de sus narices.
Siempre ha soñado con volar pero cuando al fin lo consiguió olvidó despegar los pies del suelo y seguir su camino.
Estaba acostumbrado a vivir siguiendo sus líneas. Y allí no había nada.
Así que las creó.
Y es que hay gente que es capaz de inventar limites y caminos marcados hasta en el propio cielo.
Y esperan que los demás los acepten y decidan seguirlos.
Enseñan a marchar por ellos hasta que no se puede sentir la diferencia entre lo que debería ser volar y pisar el suelo.
Hasta que ya no se puede distinguir donde acaba el camino y donde empieza la libertad.
Y no parece que quede más que un camino, ancho como una vida, pero camino al fin y al cabo.
Y ya no sirva de nada soñar mirando al cielo porque sólo se es capaz de ver lineas
Rectas como las estelas de los aviones.
Ni pensar en salir del camino.
Sólo para ver como es no pisar suelo seguro.
Porque nadie a enseñado a tu cabeza cómo es eso de volar
Y tal vez haya llegado el momento
de intentar aprenderlo por nuestra cuenta.
De abandonar las alas de papel que pesan como plomo
seguir con los pies en la tierra.
Y volver a mirar al cielo.
Hasta que seamos capaces de soñar sin ver líneas marcadas.
Sin sentir miedo al vértigo.
Y volar por primera vez de verdad
Aunque los pies sigan tocando el suelo.
pero desde siempre el ser humano ha soñado con volar
aunque desde pequeños se empeñen en mantenernos atados a la tierra.
Y con el tiempo algunos olviden mirar al cielo. Al cielo y al suelo.
Olviden mirar más allá de sus narices.
Siempre ha soñado con volar pero cuando al fin lo consiguió olvidó despegar los pies del suelo y seguir su camino.
Estaba acostumbrado a vivir siguiendo sus líneas. Y allí no había nada.
Así que las creó.
Y es que hay gente que es capaz de inventar limites y caminos marcados hasta en el propio cielo.
Y esperan que los demás los acepten y decidan seguirlos.
Enseñan a marchar por ellos hasta que no se puede sentir la diferencia entre lo que debería ser volar y pisar el suelo.
Hasta que ya no se puede distinguir donde acaba el camino y donde empieza la libertad.
Y no parece que quede más que un camino, ancho como una vida, pero camino al fin y al cabo.
Y ya no sirva de nada soñar mirando al cielo porque sólo se es capaz de ver lineas
Rectas como las estelas de los aviones.
Ni pensar en salir del camino.
Sólo para ver como es no pisar suelo seguro.
Porque nadie a enseñado a tu cabeza cómo es eso de volar
Y tal vez haya llegado el momento
de intentar aprenderlo por nuestra cuenta.
De abandonar las alas de papel que pesan como plomo
seguir con los pies en la tierra.
Y volver a mirar al cielo.
Hasta que seamos capaces de soñar sin ver líneas marcadas.
Sin sentir miedo al vértigo.
Y volar por primera vez de verdad
Aunque los pies sigan tocando el suelo.
lunes, 21 de septiembre de 2015
Y un día... Pero ojalá que no
Y un día se marchitará hasta la última brizna de hierba
y ya no le importará a nadie.
Porque será primavera en el Corte Inglés todos los días del año
y habrá estampados de flores de sobra
eso si,
sólo para quien pueda pagarlos.
No importará.
Porque ya no se podrán mirar las flores
sin ver cuanto cuesta el ramo.
Ni hablar de una persona
sin nombrar cuentas ni datos,
el color de su cartera
ni a quién pisan sus zapatos.
Los paisajes serán fotos trucadas
hechas desde cualquier "smartphone".
Y los amigos un like en facebook
y un contacto en base de datos.
Se reconocerá la verdad
por la definición del diccionario.
Y los ideales de libertad
cogerán polvo en estanterías
como conceptos literarios.
Ya no habrá normas
ni nadie se atreverá a un desplante.
Las ciudades serán jaulas
sin necesidad de barrotes.
Todos seremos carceleros,
y la policía vestirá de traje.
Las puertas no prohibirán entrar
ya no dejarán salir.
Y no habrá aduanas ni fronteras
porque no quedará a dónde huir.
y ya no le importará a nadie.
Porque será primavera en el Corte Inglés todos los días del año
y habrá estampados de flores de sobra
eso si,
sólo para quien pueda pagarlos.
No importará.
Porque ya no se podrán mirar las flores
sin ver cuanto cuesta el ramo.
Ni hablar de una persona
sin nombrar cuentas ni datos,
el color de su cartera
ni a quién pisan sus zapatos.
Los paisajes serán fotos trucadas
hechas desde cualquier "smartphone".
Y los amigos un like en facebook
y un contacto en base de datos.
Se reconocerá la verdad
por la definición del diccionario.
Y los ideales de libertad
cogerán polvo en estanterías
como conceptos literarios.
Ya no habrá normas
ni nadie se atreverá a un desplante.
Las ciudades serán jaulas
sin necesidad de barrotes.
Todos seremos carceleros,
y la policía vestirá de traje.
Las puertas no prohibirán entrar
ya no dejarán salir.
Y no habrá aduanas ni fronteras
porque no quedará a dónde huir.
domingo, 20 de septiembre de 2015
El poder de las palabras
Y hoy, en este mundo gris y rígido,
donde no queda sitio para nada.
Las personas, sin otras opciones,
sobreviven en las palabras.
En esas cosas tan pequeñas que a veces
parece que ya no cuentan nada.
En frases dichas a gritos,
en verdades susurradas.
Prensadas entre páginas de libros,
atrapadas en un cuerpo
porque deberían haberse dicho
y no se dijeron a tiempo.
Y palabras que no se callan
y se escurren entre los dedos.
Con tanta palabra ya dicha
ya no queda nada nuevo.
El aire se siente pesado,
se encharca el mundo y el tiempo.
Las palabras gotean como agua
se infiltran en el subsuelo,
en el corazón de las personas
para volver a contarse de nuevo.
Cada palabra pronunciada
forma su propio cuento
que cuenta el mundo a sus anchas
y sueña sus propios sueños.
Y dentro de un sólo mundo
hay millones de cuentos
contando su propia versión,
escribiéndose mientras viviendo.
Y, con más tiempo y palabras,
llegara el día que espero
El mundo no podrá ser real,
habrá menos verdad que sueños.
Y quedará una página llena
de cosas que ya se dijeron
y la vida no será ya vida
Solo será un cuento eterno.
La gente ya no vivirá el día
sino sus miles de anhelos.
Y habrá un millón de mundos
que cabrán en un mundo entero
con un lugar para todos
los que un día lo escribieron
en un mundo de páginas llenas
con la Historia de los tiempos.
Y siempre quedará tiempo para contar
la última página de ese cuento
o para darle la vuelta a la historia
ya en el último momento.
Poner el mundo del revés,
borrar la memoria hasta los huesos.
Renunciar al guión marcado
sin dejar que nos cuenten cuentos.
Y tener un mundo de página en blanco
limpio y puro de nuevo,
una hoja sin estrenar sobre la mesa
que espera un nuevo comienzo.
Y, si aún nos quedan fuerzas,
empezar a contar de nuevo.
donde no queda sitio para nada.
Las personas, sin otras opciones,
sobreviven en las palabras.
En esas cosas tan pequeñas que a veces
parece que ya no cuentan nada.
En frases dichas a gritos,
en verdades susurradas.
Prensadas entre páginas de libros,
atrapadas en un cuerpo
porque deberían haberse dicho
y no se dijeron a tiempo.
Y palabras que no se callan
y se escurren entre los dedos.
Con tanta palabra ya dicha
ya no queda nada nuevo.
El aire se siente pesado,
se encharca el mundo y el tiempo.
Las palabras gotean como agua
se infiltran en el subsuelo,
en el corazón de las personas
para volver a contarse de nuevo.
Cada palabra pronunciada
forma su propio cuento
que cuenta el mundo a sus anchas
y sueña sus propios sueños.
Y dentro de un sólo mundo
hay millones de cuentos
contando su propia versión,
escribiéndose mientras viviendo.
Y, con más tiempo y palabras,
llegara el día que espero
El mundo no podrá ser real,
habrá menos verdad que sueños.
Y quedará una página llena
de cosas que ya se dijeron
y la vida no será ya vida
Solo será un cuento eterno.
La gente ya no vivirá el día
sino sus miles de anhelos.
Y habrá un millón de mundos
que cabrán en un mundo entero
con un lugar para todos
los que un día lo escribieron
en un mundo de páginas llenas
con la Historia de los tiempos.
Y siempre quedará tiempo para contar
la última página de ese cuento
o para darle la vuelta a la historia
ya en el último momento.
Poner el mundo del revés,
borrar la memoria hasta los huesos.
Renunciar al guión marcado
sin dejar que nos cuenten cuentos.
Y tener un mundo de página en blanco
limpio y puro de nuevo,
una hoja sin estrenar sobre la mesa
que espera un nuevo comienzo.
Y, si aún nos quedan fuerzas,
empezar a contar de nuevo.
jueves, 3 de septiembre de 2015
Nana a la Luna
Es una noche cualquiera
y yo estoy despierta
sentada a mi mesa
con la ventana abierta.
Ya tengo mis armas,
hoja y tinta fresca,
y quiero cazar palabras
en la noche negra.
Pero las palabras huyen
y nunca se acercan.
Me esquivan dejando
mi hoja desierta.
Miro hacia el cielo
el viento me despeina
y la noche llora
sus lágrimas negras.
Las estrellas huyen
aunque siempre regresan
(la pluma gotea tinta
espesa como la brea)
¡Ya no quiero cazar palabras!
se burlan y me desprecian
Colgada del cielo brilla
una gran luna llena.
Vigila la noche
con mirada atenta
mientras teje sueños
con alas de seda.
Vigila la noche
con mirada atenta
mientras teje sueños
con alas de seda.
Ella nunca duerme
por eso no sueña
Ni tiene deseos
porque siempre los presta
Duerme, luna llena
no tengas vergüenza
(sobre mi hoja vacía
brilla la tinta fresca)
Lunita que mengua,
duerme, hasta que amanezca
(mi frasco ya está vacío
Pero las palabras vuelan)
Yo te prestaré mis sueños
y mis palabras sueltas
(La Luna me mira y sonríe,
sonríe y bosteza)
La noche se apaga
y yo quedo despierta.
No tengo palabras
ni necesitó de ellas.
Con pluma de plata
sobre mi hoja negra
escribe sus sueños
una Luna nueva.
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