domingo, 26 de junio de 2016

Como una flor...

Sé como una flor
te dirán desde bien pequeña.
Como una flor
dulce, delicada, bella.

Luce como una rosa
pero corta tus espinas.
Piel suave de hoja de enredadera
pero mantente en tu maceta.

Eso es lo que significa ser guapa,
es el precio de la belleza.
Repiten los que dicen amar las flores
sin haber visto nunca una de ellas.

Sé como una flor
- te grito ahora - despierta.
Se libre y vital. Se fuerte
esa es tu propia belleza.

No hay rosa sin espinas,
esa es su naturaleza.
Las hiedras deben ser libres
de trepar hasta donde quieran.

Afila tus pinchos y espinas,
clávalos en quién lo merezca.
Hunde bien tus raíces
que nadie te saque de esta tierra.

Cuando falte el agua y el sol
lucha con toda tu fuerza.
Las plantas más bellas son
las que florecen contra viento y marea.

Serás por fin una flor
sola en un páramo de tierra
El primer brote de algo nuevo
aunque parezcas tan pequeña.

Porque los que dicen amar las flores
lo único que quieren es poseerlas.
Pero no se puede cercar un bosque
ni ponerle límites a una selva.

Porque muchas pequeñas flores unidas
es lo que crea la primavera.
Y llegará el día
en que tiñamos el mundo de violeta.

lunes, 13 de junio de 2016

sábado, 19 de marzo de 2016

Bleu

Enciendo los controles de mi nave y me siento en la pequeña sala de control, perdida en la inmensidad del espacio.
Me relajo sobre el asiento y observo por la ventana. Llevo años viviendo así, saltando de planeta en planeta y aún así todavía no me he acostumbrado a la belleza del espacio.
Recuerdo cuando sólo era una cría, una niña perdida sobreviviendo como podía en la calle, en mitad del polvo, pequeña e invisible, en un planeta demasiado grande para que nadie la viera a ella y queriendo escapar al espacio más grande todavía.
Recuerdo como al caer cada tarde subía a la colina más alta de la ciudad y me sentaba a ver las grandes naves de transporte despegar hacia el horizonte. Cuando la noche ya había caído las estelas de las naves al pasar a hipervelocidad parecían estrellas fugaces y yo me quedaba allí mirando sus luces hasta que alguien me echaba a patadas o caía dormida de agotamiento y soñaba con otros mundos lejanos a los que pensaba que nunca llegaría.
Río con suavidad al recordar eso, era una niña tan inocente y estúpida, tan débil. Casi tanto como la que después pensó que podría renunciar a quién realmente era por cumplir su sueño y salir de allí, la que pensó que podría luchar por la justicia sin haber visto en su vida nada que fuera justo. A veces todavía me pregunto cuánto queda de esas personas en mí, soy demasiado joven para haber vivido tantas vidas y todavía me queda tanto por aprender, tantos planetas que visitar...
Corrijo el mando de la nave y pongo rumbo hacia algún planeta lejano, un diminuto punto anaranjado en la inmensidad. Suspiro con satisfacción. Ahora tengo la vida que siempre desee y, aunque nunca la imaginé tan dura, soy feliz con ella.
He sido muchas personas pero prefiero que me llamen simplemente Bleu. El nombre que me pusieron unos viajeros cuando todavía vagaba perdida sin un propósito fijo, tenía la manía de mirar hacia las estrellas, el pelo de color negro azulado y los ojos como dos trozos de cielo, aunque para entonces ya habían comenzado a cambiar y oscurecerse. Ahora mi pelo es más azul que negro y mis ojos son como dos estrellas amarillas.
Vago por esta galaxia cruzando inmensidades de oscuridad en mi pequeña nave, luchando contra todas las injusticias que me encuentro en mi viaje ya que parecen no importarle a nadie más. Se que es imposible que una única persona pueda marcar la diferencia y cambiar algo, por eso ya hace tiempo que dejé de luchar por los demás. Ahora lucho sólo por mí.
Recuerdo la primera vez que te conocí, me miraste con esos ojos tuyos tan inocentes a pesar de haber visto tantas cosas y me dijiste que esa no era manera de vivir, yo solté una risotada. Como si alguien como tú pudiera llegar a entenderlo, con ese ridículo sentido del honor y esa manera de ver el mundo en blanco y negro.
Ese fue el primero de otros encuentros por pura casualidad: en un planeta desierto, en una ciudad perdida... Se que por muy distintos que seamos tú serías el único capaz de entender esta necesidad de viajar sin un rumbo fijo, sin un lugar al que volver. Se que tu también la has sentido y por eso en cada encuentro no abandono la esperanza de que decidas dejarlo todo y venirte conmigo. Se que es una esperanza absurda, que somos demasiado distintos pero aún así...
Aterrizo mi nave al borde de un lago en un lugar desconocido, un sol se pone sobre el horizonte mientras el lago brilla con la luz de otro sol ya desaparecido. Yo miro hacia el infinito apoyada contra el costado de mi maltrecha nave, perdida en mis pensamientos hasta que el pitido de mi copiloto, un pequeño androide blanco, me saca del ensimismamiento. Parece mirarme con preocupación y le respondo con una pequeña media sonrisa.
Una luz blanca brilla en el cielo sobre el lago, tal vez una estrella fugaz o el destello de tu nave al entrar en la atmósfera. Mi sonrisa se amplía un momento mientras intento ignorar esa esperanza absurda. Aunque supongo que nunca se sabe, antes habría dicho que el destino es una idea absurda. Ahora ya no estoy tan segura.

martes, 29 de diciembre de 2015

Cuaderno de bitácora

Día 3
Otro día más, despierto,
el Sol parece que sigue saliendo
por el mismo horizonte
aunque ¿cómo estar segura?
Aquí, en mitad del mar,
no quedan puntos de referencia
y es tan infinito
que aún no he podido ver el propio mar.
A veces veo un horizonte de posibilidades,
otras me siento perdida sin forma de orientarme.
Pero el camino es amplio
por lo menos lo más amplio que había visto nunca.
Más amplio de lo que me atreví a imaginar planeando este viaje.
Así que yo sigo hacia delante
y aún no estoy segura de si lo que hago es volver atrás
Llevo como equipaje
una brújula perdida
que apunta a cualquier parte
salvo al Norte,
provisiones de sobra
o eso espero
y un mapa del mundo
que señala países y carreteras
y no sirve de nada
cuando, como yo,
no quieres llegar a un sitio concreto
sino perderte en mitad de ninguna parte
                          ****
Día 12
No se ve nada en el horizonte
salvo una ola tras otra.
De vez en cuando
me pregunto qué se supone que estoy haciendo
a dónde se supone que voy
y si no me estaré volviendo un poco loca...
Después recuerdo como estaba el mundo
la última vez que me interesé en saber algo de él
y decido que no tengo que preocuparme
siempre y cuando decida no preocuparme de mí misma.
                      ****
Día 23
Hoy el Sol ha decidido no salir
sólo hay nubes negras
y un comienzo de tormenta.
Mi barco parece una cáscara de nuez
y yo no se ni a donde agarrarme.
Aún así no tengo miedo de ahogarme
es lo que tiene tener el corazón teñido de azul
a fuerza de mirar siempre hacia el cielo
pensamientos verdes en la cabeza
y el pelo de un tono castaño
para no echar de menos la tierra...
Y con todo esto
a veces no funciona
y la sigo echando de menos.
                        ****
Día ...
Sigue siendo Jueves
igual que lo fue ayer y anteayer.
Hoy el Sol se ha perdido en el cielo
y amaneció en el lado equivocado,
el mar parece una balsa de aceite
y la vela de mi barco flota sobre el agua
Mi brújula estará señalando al fondo
enterrada en la arena
y mi mapa, empapado,
ha borrado los contornos de los continentes
y sólo enseña agua por todas partes
y ningún lugar a donde ir.
Hoy
por primera vez
no veo horizontes ni infinitos.
Por primera vez
puedo ver el mar.


domingo, 6 de diciembre de 2015

Icarus

Me despierto cuando el primer rayo de luz roza mis párpados y me desperezo sobre el banco del parque. Una mañana igual a muchas otras de las que he vivido desde hace miles de años...
Lo primero que hago al despertarme es mirar hacia el Sol Noto su luz y calor como si estuviera a centímetros, igual que cuando quemó mis alas de cera... Hace tanto tiempo y aún así lo recuerdo como si fuera ayer.
Mientras me desperezo noto una mirada clavada en la nuca, una mujer mayor que me observa entre preocupada y con lástima, mirando a un pobre hombre que vive en la calle.
Le doy la espalda y sigo mi camino, no sirve de nada tratar de explicarse. Ya lo intenté y no me creyeron, me tomaron por loco, intentaron encerrarme...Y yo huí. Igual que llevo haciendo toda mi larga vida, sólo fui realmente libre volando durante unos minutos y sigo buscando esa sensación. Ni siquiera soy capaz de estar dentro de un lugar donde no pueda sentir el Sol.
Salgo del parque a una ancha calle de una gran ciudad cualquiera, en cualquier lugar del mundo. Antes cada lugar era distinto, ahora todos se parecen. El mundo es un gran laberinto de Creta del que la gente quiere escapar sin saber a dónde, por eso construyen esos edificios tan altos.
Ellos también quieren llegar al Sol sólo que todavía no se han dado cuenta. Y yo, que hace mucho tiempo pensé que había logrado escapar sigo siendo un prisionero, sólo que ahora la jaula es más grande.
Camino por la calle y noto que atraigo miradas curiosas, mi pelo es del color del fuego desde que ardió y mi piel todavía tiene el brillo de la cera derretida que corrió por ella y de la que nunca pude deshacerme del todo.
Me pregunto si alguna de esas personas llegará a figurarse quién soy yo realmente... Y lo dudo mucho, ahora nadie recuerda las historias ni cree en los antiguos Dioses...
Pero a pesar de todo siguen creyendo en sus mentiras, siguen creyendo que caí y que fui derrotado ¡Pobres idiotas!
Claro que caí, y la caída fue dolorosa, pero Ellos, a pesar de ser dioses, no consiguieron que me arrepintiera.
No consiguieron doblegarme.
Porque sigo amando al Sol a pesar de que derritiera mis alas, porque ese calor prendió la luz en mi cuerpo y una llama en mi corazón e incluso ahora que Ellos han sido olvidados en su trono de nubes y tal vez ya ni existan esa llama sigue ardiendo.
Y por eso se que volveré a volar de nuevo.
Los mismos Dioses que intentaron cortarme las alas me despertaron realmente al caer... Es cierto que mi primer vuelo fue una estupidez, la imprudencia de un soñador, pero el segundo será un acto de rebeldía y una liberación por fin.
Será el desafío final y esta vez no podrán hacer nada. Porque ya ni siquiera necesitaré alas de cera, tengo el fuego dentro de mí y algún día podré elevarme como humo ardiente y flotar. Podré subir rozando esos rascacielos que ni siquiera consiguen acercarse al Sol y gritar y reírme desde lo alto de esta ciudad.
Tal vez así despierten y comprendan que ellos tampoco están atados a la tierra.
Sólo con saber que algún día llegará ese momento yo soy feliz.
Sonrío y comienzo a andar con más fuerza, siempre hacia el oeste. Siguiendo al Sol.